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DESPEDIDO POR PONER EN EL MENÚ ESPINACAS A LA CATALANA

Me presentaron a la jefa la típica persona que se vio metida en este mundo de la hosteleria por cojones y sin nada de ganas y motivación de estar ahí
Me contestó que, si quería que me fuera a Barcelona a poner cocido madrileño, que en su casa se ponía lo que a ella le daba la puta gana.

Esta es la situación que vivió Jorge L. un cocinero madrileño que vivió una experiencia de lo más bochornosa en un restaurante de la zona norte de Madrid, según cuenta a nuestra redacción se sintió insultado y menospreciado por lo que tuvo que escuchar en palabras de la dueña del local.

Jorge nos cuenta que la cosa no empezó bien ya que en la misma entrevista para el puesto de jefe de cocina se entreveía la poca seriedad de los dueños.

La cosa no empezó bien ya que fui a la hora indicada a la entrevista y allí un camarero me dijo que el dueño no estaba, que había salido a hacer unas gestiones y que no llegaría hasta la tarde.  Volví a mi casa y a los pocos minutos me llama diciendo que lo sentía que si podía volver que necesitaba a alguien urgente y que le gustaría entrevistarme esa misma mañana, no sé cómo, pero de nuevo salí a hacer la maldita entrevista, bueno si se cómo, por necesidad, el caso que ir hasta allí en transporte público suponía una hora y media de viaje sumados a los cuatro viajes que me hice para la puta entrevista en una mañana hacían que ya estuviera calentito. Por fin me pude entrevistar con el tipo y llegamos a un acuerdo económico y de horarios que nos convenia tanto a mi como a él.

Lo mismo nos relata sobre la sospechosa marcha del que hasta entonces era el jefe de cocina y del pasotismo del personal de cocina.

Se suponía que entraba como jefe de cocina con carta libre para hacer los menús del día y fin de semana, además claro está de dirigir al personal de cocina que estaba compuesto de 4 filipinos. El primer día me oriento en mis labores un filipino al que se suponía que sustituía como feje de cocina.

Todo esto ya empezó a olerme a chamusquina ya que este tipo que se iba llevaba más de 14 años en la empresa y según él todo era de puta madre él estaba a gusto, se llevaba bien con el personal y los jefes, y su excusa para irse era que quería cambiar de aires.

Al segundo día ya estuve solo como jefe y empecé a anotar que los filipinos iban a su puta bola que eran como autómatas, les decías como quería que salieran los platos y ellos los ponían según parece como lo hacían con el anterior jefe, lo cierto es que me sentía como que no pintaba una mierda allí.

Dentro de la elaboración de los menús diarios siempre intente que fueran variados y equilibrados, sin importarme de los lugares típicos de dónde provengan las recetas, esa era mi opinión, pero al parecer no de la indeseable de mi jefa.

Al segundo día de estar trabajando allí conoce a la dueña del local y esto es lo que nos cuenta nuestro protagonista.

Me presentaron a la jefa la típica persona que se vio metida en este mundo de la hosteleria por cojones y sin nada de ganas y motivación de estar ahí, solo con el único fin de joder a todo el mundo que la rodeaba, eso claro está que me incluía a mí. Por las mañanas antes de empezar el servicio se dedicaba a probar todos mis platos que iban en el menú del día, y a la muy puta le encantaba criticarlos por gusto diciéndome que a ella no le gustaba así y que le pusiera esto y lo otro.

Espinacas a la catalana el plato de la discordia.

Un lunes entre otros platos de primero se me ocurrió poner Espinacas a la catalana un plato que ya había puesto en otros sitios y que gustaba mucho a la gente, básicamente es un plato de espinacas previamente cocidas y salteadas con piñones y pasas, hay otras formas de prepararlas, pero sus ingredientes básicos son estos.

Ya con el servicio de comidas empezado y con este plato saliendo bien como yo ya esperaba, apareció la tipeja esta con la cara desencajada y a punto de decirme algo que no me iba a gustar. Lo primero que me soltó fue que como me había atrevido a poner esta mierda de plato en el menú, diciéndome que la mesa de arriba (un privado que había en el restaurante en la planta superior, según ellos para gente importante) se había quejado diciendo que si volvía a ver en el menú un plato catalufo no volverían a pisar el restaurante. Yo me quede de piedra y lo primero que le solté ya harto de sus modales y despotismo fue que yo ponía en el menú lo que me salía de las pelotas ya que para eso era el jefe de cocina y que coño pasaba si ponía platos catalanes o de otros sitios, lo siguiente que me contestó fue que si quería que me fuera a Barcelona a poner cocido madrileño que en su casa se ponía lo que a ella le daba la puta gana, y que después del servicio fuera a su oficina a por la carta de despido que a ella yo no lo volvía  a cuestionar su autoridad, acto seguido me quite el delantal tirándolo al suelo y diciéndole  que yo ya había acabado en su puta casa y que la iba a denunciar por todo lo que había pasado.

Al final y por suerte todo se acabo arreglando con la intervención del dueño.

Lo cosa no llego a pasar a mayores ya que el jefe se disculpó por la actitud de su mujer y sabiendo como estaba la situación arreglamos las cosas para que me pudiera ir al día siguiente pagándome un finiquito y los días que estuve trabajando de forma correcta.


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error: Se original colega!!